Critica del concierto de AC/DC en Estadi Olimpic de Montjuïc (Barcelona) el 29 de Mayo de 2015La mas completa agenda de conciertos y bares, asi como la biografia y discografia de los principales grupos que tocan en Barcelona.
    

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AC/DC
Estadi Olímpic Lluís Companys
29/05/2015

Texto: Fernando Poveda
Cartel promocional

Tras una larga espera de cinco meses desde que se anunció la fecha barcelonesa, al fin llegó el día de reencontrarse de nuevo con la banda australiana, seis años después Brian y Angus volvían a reunirnos en Montjuic. Sobra recordar a estas alturas lo que representan; ni las ausencias de Malcolm y Phil Rudd, ni algunas voces que ponían en duda la vigencia de la banda y la legitimidad para llevar a cabo esta gira, evitaron que el papel se acabara en una mañana. Desde entonces, la tensa espera, y una vez que el circo llega a la ciudad, varias generaciones (sorprendente la cantidad de chavales entre el público) dispuestas a disfrutar de un espectáculo que, no por ya visto y conocido, deja de ser de lo más grande que se puede presenciar a día de hoy en cuanto a rock’n’roll se refiere.

Como digo, la liturgia es de sobras conocida, vídeo cachondo al canto que tras explosionar nos introduce en el reciente single de su nuevo LP “Rock or Bust”, un riff marca de la casa que nos presenta a los cinco tipos en posición. Tema tras tema, conjugan esos coros, estribillos, solos, riffs, gemidos que los convierten en una máquina perfectamente engrasada, predecible si se quiere, pero uno no le pide a estas alturas a AC/DC que ofrezca nada diferente a lo que todos esperamos. “Shoot to Thrill”, “Hell aint’ a Bad Place to Be”, “Back in Black”, la artillería pesada va apareciendo, con un Brian Johnson que, aun con barriga y sin excesivas florituras vocales, mantiene la forma y nos gana con sus bailes vacilones, su aire juerguista y sus ya legendarios chillidos. Y con respecto a Angus, cualquier gesto, solo o mirada al público se basta para barrer cualquier duda sobre su estado de forma. El paso del tiempo se percibe en su rostro como es normal (hasta la pantalla nos dejó ver una enorme tirita bajo su rodilla, con lo que constatamos que este hombre es humano), pero la energía que sigue emanando de su pequeño cuerpo, esa forma de recorrerse el escenario, de vaciarse ante los fans, ¡toda una exhibición!

Algún tema nuevo más como “Play Ball”, la destacable “Baptism by Fire” o incluso “Rock’n’Roll Train” de su anterior LP, pagaron la deuda de los “obligatorios” temas recientes, aunque la garganta nos la dejamos con clásicos imperecederos con los que la mayoría de los allí presentes hemos crecido: “Dirty Deeds Done Dirt Cheap”, “Thunderstruck” o “You Shook me all Night Long”. No faltó la campana en “Hells Bells”, con esa intro de Angus acompañándonos de la mano al infierno, piel de gallina; ni la voluptuosa muñeca hinchable en “Whole Lotta Rosie”, donde la eficiente labor de Stevie Young demostró que ha sabido calcar al milímetro el estilo de su tío. Temas menos trillados como “Have a Drink on me” y “Sin City” sorprendieron y aportaron oxígeno a un setlist al que la banda suele hacer pocas concesiones, aunque con “T.N.T.” y una majestuosa “Let there Be Rock” remataron el delicioso empacho de éxitos intocables. Fue éste el único tema en el que utilizaron la pasarela, con un Angus amo y señor del Estadio, elevándose varios metros y descargando una bluesera orgía eléctrica sobre nuestras cabezas, al tiempo que maltrataba su Gibson SG pataleando como un loco entre la lluvia de confeti. Ver a un Angus sexagenario reinando durante 15 o 20 minutos de tal forma, hace que sea cual sea el precio pagado, haya valido la pena, sin duda el momentazo del show.

Con las luces apagadas y los miles de cuernos rojos brillando en el recinto, un Angus descamisado, encuernado y sudoroso arremetía en los bises con el inmortal riff de “Highway to Hell”, respaldado por un Chris Slade intachable tras los parches. Traca final, emoción en el ambiente rindiendo pleitesía a un himno marcado a fuego en el corazón y en el historial de cada uno de los presentes. Con los cañones disparando y la banda saludándonos con “For those about to Rock” se bajó el telón una vez más, generando una sensación extraña, de satisfacción ante lo presenciado y de inquietud ante el fundado temor de que sea la última. Existe alguna posibilidad de que nos vuelvan a visitar el año que viene en una segunda manga de este “Rock or Bust World Tour”, si no en la Ciudad Condal al menos en alguna ciudad cercana, pero de no ser así, pueden abandonarnos con la conciencia tranquila, la despedida habría sido de nivel. Un concierto especialmente emotivo para el recuerdo.